viernes, 16 de enero de 2009

LENIN Y EL PARTIDO DE LA CLASE

Una estructura social no desaparece jamás antes de que todas la fuerzas productivas estén completamente desarrolladas”, Carlos Marx. Prefacio de Contribución a la crítica de la Economía Política.

Lo que hemos señalado en el epígrafe de estas notas, es un llamado de atención en contra de la impaciencia revolucionaria aunque también es esgrimida, en la argumentación socialdemócrata para no considerar el profundo llamado en la tesis II sobre Feuerbach, de que la cuestión central es transformar el mundo, no solo entenderlo. Es decir, la unilateralidad del análisis aparece al no considerar el papel esencial que juega la práctica humana en los procesos de transformación, ya sea en su retardo o en su aceleración. Quienes argumentan a favor o en contra del materialismo dialéctico a través de las citas tomadas de aquí o de allá de los grandes revolucionarios, trátese de Marx, Engels, Lenin o Fidel olvidan el carácter profundamente dialéctico de la filosofía que sustenta su pensamiento, que liga la teoría con la práctica en forma insoluble.

Dicho esto, podemos plantearnos sin temor a equivocarnos que el asunto no es organizar la revolución: ésta no es el resultado de una conspiración, ni una toma del poder, sino una revolución social. Engels lo señalaba, como siempre, cortando el análisis con el filo acerado de la lógica dialéctica marxista: ”los comunistas saben demasiado bien que toda conjura no es solamente inútil sino nociva. Saben demasiado bien que la revolución no es un acto de voluntad, sino siempre y en todas partes la consecuencia inevitable de circunstancias completamente independientes de la voluntad y de la acción de todo partido y de toda clase”.

La revolución se producirá más o menos rápidamente según el grado de desarrollo de cada uno de los países, siempre siendo incidente el grado de desarrollo de sus fuerzas productivas. Esto es así independiente de que por un despliegue más amplio, es decir dialéctico, los otros componentes de los procesos jueguen en determinado momento un papel trascendente en un proceso revolucionario resultando victoriosa una revolución proletaria. Esto no significará ni mucho menos que su ejemplo se extenderá en forma automática a otros países, solo provocará reacciones más o menos importantes y acelerarán futuros desarrollos.

En este escenario Vladimir Ulianov a la par que defendía y enriquecía la pureza y vigencia del pensamiento de Marx no restringía su accionar a la disputa teórica o a la búsqueda de la verdad en el mundo de las ideas, sino siempre en relación al enemigo político. El objetivo concreto consistía en hacer la revolución en Rusia, estuvieran o no maduras las condiciones para instaurar nuevas relaciones de producción. Que Rusia fuera atrasada y su proletariado incipiente, o que el capitalismo ruso estuviese lejos de haber agotado sus fuerzas productivas, no podía considerarlo situaciones insalvables, solo exigían un análisis distinto para hacerlo funcional al objetivo esencial: hacer la revolución.

”Nosotros pensamos que los socialistas rusos deben, por encima de todo, desarrollar ellos mismos la teoría de Marx, porque ésta no indica más que principios rectores generales, que se aplican en cada caso particular tanto a Inglaterra como a Francia…” escribe lúcido Lenin.

Lenin desarrolla un plan de acción en ”¿Qué Hacer?”, subrayando que había nacido una nueva época y que ya no se trataba de educarse de la educación popular o de ponerse a la búsqueda de personalidades heroicas: debía hacerse algo completamente diferente. Cada punto de ese plan constituía una innovación sin precedente en el pensamiento político del siglo XIX, incluido el marxismo.

Hay en esta actitud un posicionamiento de no transformar el marxismo en dogma, de no renunciar a la libre crítica del pensamiento marxista a partir del principio fundamental del materialismo histórico: ”no es la conciencia del hombre la que determina su existencia; por el contrario es la existencia social del hombre quien determina su conciencia” (Marx).

Lenin escribe: ”la historia de todos los países demuestra que la clase obrera no puede, por sí misma, llegar más que a una conciencia tradeunionista, es decir a la convicción que es necesario unirse en sindicatos, combatir contra los patrones, reclamar del gobierno tales o cuales leyes necesarias a los obreros, etc.”. Dicho de otra forma, la clase obrera no se vuelve por impulso propio hacia la revolución, es necesario crear una organización política capaz de introducir en el movimiento obrero espontáneo la concepción del mundo del socialismo científico. En síntesis, la tarea política consiste en fusionar en un todo indisoluble ese movimiento espontáneo con la actividad del partido revolucionario.

Es claro que esta idea de Lenin del partido no es un aporte exterior a la clase como sostienen los críticos socialdemócratas de las posiciones de Lenin, pues éste sin ninguna duda conoce los planteamientos de Engels frente al tema de la autoconciencia:”para expulsar del timón de las clases dominantes, es necesario, en primer lugar, un cambio en la cabeza de las masas laboriosas… y para llegar a esto, es necesario un ritmo más rápido en la transformación de los medios de producción: más máquinas, más supresiones de empleo, más quiebras entre los campesinos y la pequeña burguesía, una demostración más evidente de las consecuencias del desarrollo en la gran industria moderna…Solo entonces se avanzará verdaderamente en el camino de la emancipación: cuando las transformaciones económicas hayan hecho tomar conciencia de su condición a la gran masa de obreros y ellos hayan trazado ya el camino de la toma del poder político”.

En la Rusia de Lenin hubo y había habido organizaciones revolucionarias ¿dónde residía la diferencia fundamental de su concepción de partido? En la condición de profesionales de quienes ejercieran las funciones principales dentro de la organización. En lugar de diletantes (aficionados) profesionales que tomen en sus manos los preparativos de condiciones óptimas para el proceso revolucionario. Lenin pensaba que no era posible preparar la revolución a menos que los revolucionarios estuvieran completamente a una dirección. La organización de los revolucionarios debe englobar ante todo y principalmente a hombres cuya profesión es la actividad revolucionaria: ”unidos en virtud de una decisión libremente adoptada, precisamente a fin de combatir al enemigo”.

Lenin estaba convencido de la necesidad de los revolucionarios profesionales pero además de que un miembro del partido no podría trabajar eficazmente siempre bajo el control permanente del partido. Esa concepción fue la que lo opuso a Martov y significó la famosa escisión entre bolchevique y mencheviques. Martov y sus partidarios partían del principio de que debía reconocerse la calidad de miembro del partido a cualquiera que de una u otra manera quisiera colaborar con el partido socialdemócrata. Los bolcheviques por el contrario consideraban como miembros del partido solo a quienes pertenecieran a la organización y estuvieran dispuestos a trabajar bajo su estrecho control.

El Partido es el partido de la clase obrera; el partido es la vanguardia de la clase obrera, el partido lucha por los intereses de la clase obrera. Si no cumple estos requisitos no es nada. Como no lo es una organización de revolucionarios profesionales que ha perdido el control del conjunto del partido. Lenin avizoraba la existencia y gran peligro que significaba la burocratización de las estructuras del poder: ”nuestro peor enemigo interior es el burócrata, el comunista que ocupa en las instituciones soviéticas un puesto responsable, rodeado de respeto de todos, con prestigio de hombre concienzudo”.

” Para convertirse en Poder, los obreros conscientes tienen que ganarse a la mayoría : mientras no existía violencia contra las masas, no habría otro camino para llegar al Poder. No somos blanquistas, no somos partidarios de la toma del Poder por una minoría. Somos marxistas, partidarios de la lucha proletaria de clase contra la embriaguez pequeño burguesa, contra el defensismo chovinista, contra las frases hueras, contra la dependencia respecto a la burguesía”. ( Lenin. Obras Escogidas en tres tomos. La dualidad de poderes .Editorial Progreso. Moscú 1970 p.42).

La dictadura del proletariado es una de las tesis fundamentales del marxismo. La lucha de clases lleva obligatoriamente a la dictadura del proletariado y solo esta dictadura permite la abolición de todas las clases y el paso a una sociedad sin clases.

La pregunta actual frente a las tendencias que se manifiestan al interior del Partido Comunista de Chile es quién es quién frente a la tendencia dominante, al parecer de las posiciones socialdemócratas, y esta crítica se asienta, al igual como lo enfrentaba Lenin en la tendencia de transformar, de Partido de la revolución social a un Partido de reformas sociales en donde una de las negaciones centrales en la práctica es la negación de la lucha de clases pretendiendo que no es aplicable a una sociedad estrictamente democrática, gobernada supuestamente conforme a la voluntad de la mayoría.

EL PARTIDO DE LA CLASE

Por Nicasio

La doctrina marxista emergió como es sabido, como la elaboración crítica de las tres principales tendencias ideológicas del siglo XIX : la filosofía alemana, la economía política clásica inglesa y el socialismo francés, y supuso un antes y un después en estas tendencias. Naturalmente esto no fue casualidad, obedecía a las condiciones materiales y sociales que había generado un régimen capitalista de producción en que se mostraban abiertamente ya las agudas contradicciones de clase entre la burguesía y el proletariado.

Tampoco surgió construida como totalidad de la cabeza de nadie, sino que se depuró y se sigue depurando en la práctica política e ideológica de millones de seres humanos en la esfera de los fenómenos sociales y el avance científico. El gran mérito histórico de Marx y Engels, como lo señaló Lenin, consistió en demostrar científicamente la misión histórica mundial del proletariado como fuerza revolucionaria capaz de destruir el régimen capitalista y crear una nueva sociedad, la sociedad comunista. En esa dirección señalaron al proletariado y a las masas trabajadoras el camino de la emancipación, demostraron la necesidad del partido marxista como fuerza dirigente del movimiento obrero, y definieron los principios de su estrategia y de su táctica.

En función de estos fundamentos Lenin, constructor importante del primer Estado Socialista : el Estado Socialista Soviético, contribuye en términos esenciales a desarrollar la doctrina marxista en las nuevas condiciones históricas del imperialismo y las revoluciones proletarias y sienta las bases de una teoría integral del partido marxista de nuevo tipo, de su papel dirigente y de sus principios orgánicos, políticos e ideológicos, así como de su estrategia, táctica y política.

Lenin señala en todo momento que sin la dirección de un partido marxista de nuevo tipo, pertrechado de la teoría revolucionaria de vanguardia, la clase obrera no podía cumplir su misión histórica de constructora de una nueva sociedad.

Señalaba además como elementos fundamentales la disciplina, la cohesión monolítica y la pureza ideológica, la ligazón indisoluble con las masas, la aplicación consecuente de las normas de vida del partido, la dirección colectiva como cuestión clave para la realización de todo lo demás.

El cuidado que hay que tener con esto es que la invocación del todo o parte de estos principios puedan ser letra muerta, como ha ocurrido ya muchas veces en la larga lucha de los pueblos por su liberación. ¿Qué otra cosa sino palabrería hueca y seudo revolucionaria era la de los dirigentes del PCUS que condujeron al glorioso partido de Lenin a la bancarrota y al derrumbe en las condiciones de lo que fue el campo socialista? Indudablemente allí la dirección colectiva funcionaba de alguna manera, pero no es menos claro que esta dirección colectiva funcionaba en términos de sí misma y desprendida de la realidad objetiva, sin capacidad de interpretar el sentir de las masas. Y esto por una cuestión muy sencilla : el trabajo sea cual sea pierde su poder formador y transformador sino está ligado a la vida económica productiva. El trabajo político es un trabajo esencialmente alienado.

Es claro que si se le pregunta a cualquier funcionario del aparato político contestará que trabaja e incluso más de lo que trabajaría dentro del sistema productivo, el problema es que esto no puede convertirse en una actividad a perpetuidad sin graves riesgos como muestra una y otra vez la práctica política. Así tenemos decenas de estos funcionarios incompetentes que deambulan de un puesto a otro sin que aporten nada porque su función no es ya hacer avanzar el proceso revolucionario sino sustentar a quienes se han distribuido las cuotas de poder del aparato burocrático en que han convertido al principal instrumento político de la clase.

El Partido Comunista de Chile es parte y heredero legítimo de todas las conquistas progresistas y tradiciones democráticas y revolucionarias del pueblo del Chile. Sin embargo no está ni ha estado inmune a personalismos y desviaciones de derecha e izquierda. Conservar una herencia no significa sentarse en ella como en un trono, sino, significa avanzar y determinar independientemente las vías y los medios de las luchas revolucionarias. El Partido únicamente puede ser fuerte y estar unido a condición de que se base en sus principios en forma consecuente. Así, si se invoca el principio del Centralismo significa basar su Dirección Central por un centro, que es su Congreso y, entre Congreso y Congreso, por el Comité Central ; la subordinación rigurosa de la minoría a la mayoría y de las organizaciones inferiores a las superiores. ” No someterse a la dirección de los organismos centrales- escribió Lenin- equivale a una negativa a seguir en el Partido, equivale a deshacer el Partido …”

Es por eso que Lenin hablaba una y otra vez de la necesidad de llevar a cabo en el Partido una ” labor de autocrítica, poniendo despiadadamente al descubierto sus propias deficiencias…” Si no hay confianza en los organismos de dirección de parte de las bases, no es posible ninguna subordinación rigurosa ni sometimiento a los organismos centrales. Si nos atenemos a estos elementos de principios no nos equivocamos en lo absoluto si señalamos que en los últimos Congresos del Partido, no han sido otra cosa que una falsificación absoluta de la voluntad del Partido. Se han montado verdaderas maquinarias que han copado sus distintas instancias por los funcionarios de las que han surgido los despojos de la voluntad colectiva, cuestión que ha sido disfrazada por la mantención de un discurso seudo revolucionario, vacío de contenidos reales y de una práctica consecuente.

¿Cuál ha sido su práctica en la realidad?. Primero la liquidación sistemática de las bases orgánicas del Partido y su jibarización, la liquidación de toda la estructura militar y el apartamiento de los cuadros militares de la actividad permanente de la organización. Qué lejos está la esterilidad política de esta Dirección de Marx que proclamaba la ” crítica despiadada de todo lo existente”, y en especial la ” críticas de las armas”, apelando a las masas y al proletariado. Y para no dejar margen a la tontera oportunista no estamos aquí proclamando el levantamiento armado ni nada que se le parezca. Estamos hablando temas concretos, como por ejemplo, entre otros, de la complacencia enorme con una Concertación que como coalición política es coautora junto a la dictadura del empobrecimiento generalizado de la población, de la lesión enorme de la entrega de la principal riqueza del país que esta siendo depredada a un ritmo sin parangón en nuestra historia; una Concertación, que es lo fundamental, matices más, matices menos, funcional a la política de agresión del complejo militar-financiero-industrial del imperialismo estadounidense. No estamos hablando de no alianzas, estamos hablando de definir con claridad los sesgos para no ejercer presiones indebidas en el filo revolucionario de la clase destinada a poner fin a la dictadura de la burguesía. Estamos hablando de una táctica que no se acomode al vencedor. Estamos diciendo que en esta situación, como en muchas otras, la derrota de la acción revolucionaria es, desde el punto de vista del materialismo dialéctico, un mal menor en la marcha general y en el resultado de la lucha de la clase, que el que resulta del abandono de posiciones ya conquistadas. La capitulación sin lucha es absolutamente desmoralizante : Marx que apreciaba en todo su valor el empleo de los medios legales de lucha en las épocas de estancamiento político y de dominio de la legalidad burguesa condenó sin ambages en 1877 y 1878 las ” frases revolucionarias”, pero combatió con la misma energía, sino más fuertemente, el oportunismo que por entonces se había adueñado temporalmente del partido socialdemócrata oficial, que no había sabido dar inmediatas pruebas de firmeza, tenacidad, espíritu revolucionario y disposición a pasar a la lucha ilegal en respuestas a las leyes de excepción contra los socialistas.

El partido de los obreros del salitre, de los constructores de la Unidad Popular, de los principales bastiones contra la dictadura genocida de Pinochet, el partido de la clase, no puede ni debe retroceder a una política diseñada desde la impotencia política que es lo que ha caracterizado a la actual Dirección. Desde el desastre psicológico y moral que significó la humillante derrota del presidente del PC en un bastión de lucha obrera como lo fue Lota y sobre la cual, no se escuchó por lo demás ni la más mínima autocrítica, ni siquiera por el ingente despilfarro de recursos, ni tampoco la igualmente vergonzosa comedia de equivocaciones encabezada por el actual

Secretario General Lautaro Carmona, y que puso fin a la coalición del Junto Podemos Más, de la cual tampoco se escuchó autocrítica alguna, y antes San Fernando, ni la aparición y permanencia en los quioscos de un Siglo en huelga, ni las demandas ignoradas de trabajadores comunistas del Instituto Alejandro Lipschutz ante la Inspección del Trabajo, etc.; etc.

La situación a que esta Dirección somete al Partido son dramáticos en el desarrollo de la lucha de clases. Así mientras en el diario El Siglo se da cuenta de la política de alianzas con la Concertación fijada por el último Pleno del Partido un par de páginas más allá se denuncia que sigue el saqueo de nuestras riquezas posibilitado irrestrictamente por esa misma Concertación o las redes de corrupción en CODELCO, bastión de prebendas económicas del Partido Demócrata Cristiano, componente central de este mismo conglomerado político del cual somos ahora socios para enfrentar a la Derecha extraconcertación, porque la derecha concertacionista va a seguir, sin dudas ahí mismo.

Más aún el informe al VII Pleno de Mayo de 2008, es decidor en dos sentidos: primero en él no hay ni una sola línea, no vamos a exagerar pidiendo con Lenin la ”crítica descarnada” de lo obrado hasta el momento por esta Dirección y no solo eso, sino lo que es aún más sintomático no hay una sola crítica a la Concertación. Quizá lo más relevante es el enunciado de que ”actuando de conjunto con la Concertación, es posible y necesario infligir una aplastante derrota electoral a la Alianza, abriendo con ello un escenario cualitativamente distinto para las contiendas parlamentarias y presidencial del 2009”. Y esto es muy serio no se apela a las masas, ni a los trabajadores para la construcción de un nuevo escenario, sino a un conglomerado político que viene cuesta abajo en la rodada.

Nosotros no tenemos dudas de que el” proceso de construcción de una correlación de fuerzas más favorables a los cambios democráticos de fondo-los cambios que deben concluir en la construcción de una nueva política estatal- debe nutrirse también de los que vienen de vuelta, de los miles de desencantados de la política de las fuerzas que integran el actual bloque en el poder”, el tema es que para esto hay modos y modos y no es precisamente el mejor diseñado. Este es solo el camino de la claudicación y la pérdida de los elementos básicos de un partido de vanguardia. Estos acuerdos de omisiones a que ha llegado la actual Dirección no dan cuenta de que la principal omisión para concretarlo ha sido dejar fuera la vos del Partido que afortunadamente no coincide con el sesgo que se ha dado a la actual política de alianzas. Nótese que no hablamos de no tener una política de alianzas dirigida a la Concertación, sino de los sesgos, equivocados que ésta adquiere ya sea por improvisación o por incapacidad política por tener un partido mermado en sus reales capacidades, o sencillamente porque los agentes del imperialismo desarrollan su trabajo en un partido ya sin los elementos claves de la vigilancia revolucionaria. Por lo demás para seguir el paso táctico planteado por Juan Lagos(El Siglo. Página editorial 16 mayo 2008) destinado a dar dirección más clara a un proceso de acumulación de fuerzas, de unidad y de lucha, de alianzas y compromisos democratizadores y ”no soltarlo por nada del mundo” se requiere más que buena voluntad, se requiere que el Partido tenga unidad de acción y confianza absoluta en quienes ejercen la Dirección. Sino todo esto será una vez más letra muerta y dos tercios de los militantes comunistas seguirán viviendo marginados de la vida partidaria y haciendo una oposición soterrada y enormemente dañina al Partido y por ende al conjunto de la clase.

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